¿Por qué hablar sobre censura en Internet?

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Cuando comenzó a extenderse el uso de internet más allá de las universidades y los más aficionados a la tecnología, lo que más destacó era el uso de páginas web. Como curiosidad podemos ojear este artículo de 1991 en la Phreak donde se introduce el concepto de internet para “usuarios que no tienen acceso a conexión universitaria”. En este contexto, las empresas comenzaron a ver un importante hueco publicitario y útil en el uso de páginas web (mucho antes de la compra y venta online) y entre las páginas personales de los usuarios aparecieron las webs corporativas. Precisamente ante esta situación se creo la Electronic Frontier Foundation, con la idea de conformar un núcleo de protección de derechos digitales por lo que estaba por venir. Y es que el interés por llegar a los usuarios no se reduciría a las empresas que buscaban hacerse publicidad, si no que se extendería a gobiernos de diferentes países.

La información masiva cuenta con extremos que afectan directamente en nuestra actuación en el mundo. Por un lado, el casi ilimitado acceso a contenido de cualquier tipo que nos proporciona en la actualidad internet crea una puerta a la educación genera una equidad (y responsabilidad) al usuario de cualquier condición. Por otro lado, el descontrol a la hora de generar este contenido -que forma parte de la libertad que conforma internet- provoca que la información para ser veraz debe ser profundamente contrastada. Este esfuerzo extra requiere tiempo, cosa que nuestra cultura de lo rápido no traga con facilidad. Pensemos si no en Twitter, en nuestra incansable necesidad de contenido nuevo, el tiempo que estamos dispuestos a esperar que cargue una web, etc. Dichos extremos no sólo se quedan en el uso de internet, si no que trascienden a nuestro día a día y conforman lo que somos y pensamos, como lo hacían las noticias, la tele, los libros o los pregoneros. La diferencia fundamental que se plantea en internet es su descentralización; El control del contenido virtual no es únicamente poco ético, es que logísticamente es bastante complicado.

Sin embargo como mencionábamos antes, ser usuario de la red no sólo nos proporciona una serie de derechos si no que requiere responsabilidades, y ambos son ignorados con frecuencia. Hay países que sufren diferentes tipos de censura o vigilancia digital, pero el problema no es sólo una cuestión individual. El problema no es meramente que alguien como usuario no es capaz de acceder a su red social favorita o a contenido delicado en su contexto sociocultural. Si no que, detrás de esa molestia individual, existe una serie de recursos técnicos y en ocasiones “legales” que van a impedir a un grupo más amplio de usuarios lo mismo. Y esos usuarios, aunque descentralizados, conforman una comunidad, que interactúa. Si el contenido de esa comunidad está censurado, el contenido que se pueda generar estará delimitado en unos límites controlados por un gobierto o entidad por encima de esos usuarios. Y si vamos más allá, llegará un momento en que esa comunidad deje de pensar o plantearse ese contenido que este vetado en la red, puesto que no podrá compartirlo. En ese momento ya se habrá llegado al ideal de la entidad censuradora, y es manipular no sólo internet, si no el pensamiento.

Así que la respuesta a por qué debemos ser conscientes de esta situación y hablar de ello está ahí. A mantener integridad en nuestro pensamiento, nuestras decisiones y en la libertad de expresión.

Autor

Imagen de Paula de la Hoz

@terceranexus6

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